Columna de Opinión
 

No limitemos derechos; mantengamos principios

 

Por Juan Carlos Zapata
 

En los últimos días hemos visto cómo a todos, a través de los bloqueos, se nos ha coartado la libertad de locomoción, garantizada en el artículo 26 de nuestra Constitución Política de la República. Asimismo, si nos vamos a principios universales más generales, la misma Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en su artículo 13 que toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.

La ley establece procedimientos institucionales para garantizar que cualquier persona que considere se le han vulnerado sus derechos los pueda dirimir de una manera pacífica, sin causar daño a los demás. Cuando una manifestación se convierte en un bloqueo que impide a una persona llegar a su destino, cualquiera que fuera su propósito, esto hace que las acciones transgredan la ley sobre la cual estamos basando nuestros propios argumentos.

Lo mejor que puede pasar en estos momentos es que se logren generar grandes diálogos y acuerdos que permitan llegar a objetivos mínimos sobre la importancia que tiene para todos los guatemaltecos el proteger nuestro sistema electoral, sin caer en divisiones que muchas veces nos hacen movernos a lo que el profesor de la Universidad de Johns Hopkins, Yascha Mounk, llama “la trampa de la identidad”.

En su libro La Trampa de la Identidad: una historia de ideas y poder en nuestro tiempo, Mounk argumenta que en las últimas décadas, una sana apreciación de la cultura y el patrimonio de los grupos minoritarios se ha transformado en una obsesión contraproducente por la identidad grupal en todas sus formas. Una nueva ideología que apunta a colocar la matriz de identidades de cada persona en el centro de la vida social, cultural y política que se ha vuelto rápidamente muy influyente. Sofoca el discurso, vilipendia la influencia mutua como apropiación cultural, niega que los miembros de diferentes grupos puedan entenderse realmente entre sí e insiste en que la forma en que los gobiernos tratan a sus ciudadanos debería depender del color de su piel. Ésta, sostiene Yascha Mounk, es la trampa de la identidad.

Aunque quienes luchan por estas ideas están llenos de “buenas intenciones”, en última instancia harán que sea más difícil lograr avances hacia la igualdad genuina que necesitamos desesperadamente, la igualdad ante la ley. Mounk ha construido su aclamada carrera académica al ser uno de los primeros en advertir sobre los riesgos que representan los populistas, tanto de izquierda como de derecha, para la democracia. Pero, muestra, aquellos que están atrapados en la trampa de la identidad muchas veces olvidan los principios universales con tal de hacer valer sus puntos políticos o ideológicos.

Para el caso de Guatemala, está legalmente claro y no queda la menor duda que el Dr. Bernardo Arévalo y la Dra. Karin Herrera asumirán como presidente y vicepresidenta el 14 de enero del próximo año, así como las demás autoridades de diputados y alcaldes. Además, es fundamental que protejamos nuestro sistema electoral y generemos las posturas necesarias para garantizar salvaguardar las juntas electorales que cuidaron los votos de toda la población.

No caigamos en la “trampa de la identidad”, y reconozcamos que al final todos somos guatemaltecos y lo que queremos es avanzar hacia mayores oportunidades y un mejor país, en el que se respete la ley y la institucionalidad, reconociendo que vivimos en una República y que tenemos un sistema electoral que aunque es perfectible, todos debemos resguardar, sin limitar derechos.

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 

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