Columna de Opinión
 

Destrucción repudiable

 

Por: Salvador Paiz
 
El pasado martes 12 de octubre, bajo el manto del Día de la Hispanidad o Día de la Raza, un grupúsculo anárquico arremetió contra nuestros monumentos.

La vil destrucción de nuestro patrimonio artístico e histórico es repudiable. La historia de nuestro país está marcada por la violencia, ¿por qué regresar? ¿Por qué polarizar e incitar al desorden, odio y resentimiento? Es indignante que algunos guatemaltecos opten por violentar, en vez de edificar. Por incitar a la violencia en lugar de sembrar la paz. Recordemos las palabras del presidente Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. 

Varios países han tenido o están teniendo debates acerca de sus monumentos y lo que representan. Un claro ejemplo es la situación en Estados Unidos. En Estados Unidos dicho debate tiene que ver con la esclavitud y sobre cómo algunos próceres de la independencia fueron dueños de esclavos. Sin embargo, ¿qué reclamo hay contra el presidente Reyna Barrios? El debate sobre los monumentos quizás sea un debate pacífico, que debemos tener como sociedad. Pero, ciertamente, nadie tiene licencia para pasar por encima de la ley al atribuirse el rol de verdugo de nuestro patrimonio histórico. 

Es importante que veamos los hechos tal y como son. Lo que sucedió el martes fue vandalismo puro y duro. Allí no hubo verdaderos líderes ni representantes de los pueblos indígenas. No eran más que grupos extremistas con agendas muy claras que buscan alcanzar propósitos muy puntuales que, a la larga, no ayudan a nuestro país. Tal como sucedió durante nuestro conflicto interno, los autores intelectuales de estos hechos seguramente no se expusieron ni estuvieron al frente de estos disturbios. 

Es importantísimo que nuestras autoridades sienten un precedente y que se lleve a cabo toda la investigación pertinente para poder así sancionar a los culpables según lo indica nuestra ley. Hoy fueron monumentos, pero mañana será nuestra tienda de barrio, nuestra escuela, nuestra parada del transporte público. ¿Y con qué finalidad o propósito? Solo el de generar un ambiente de caos e inestabilidad. Los que sufriremos seremos todos los guatemaltecos quienes hemos apostado por el marco institucional y el proceso democrático.

Nuestro Código Penal es claro. El artículo 496 dice que deben ser sancionados con arresto de 20 a 60 días aquellos que “apedreen o manchen estatuas, pinturas, monumentos, edificios” o bien que “causen daño a cualquiera en las calles, parques, jardines, paseos…”. Dejar de actuar de oficio, según lo establece la ley y siguiendo el debido proceso, sentaría un peligroso precedente al dar “licencia” a grupúsculos radicales de todo tipo. ¿Responderá algún otro con la destrucción al monumento de Tecún Umán o alguna de las pirámides de Tikal? La escalada de violencia no es lo que el país necesita para salir adelante. 

Si algún donante internacional realmente nos quiere apoyar a lograr mayor inclusión y a reducir la pobreza, respetuosamente sugiero que nos apoyen para generar inversión, empleo y un diálogo que nos lleve a consensuar una hoja de ruta para el país. Sucesos como este solo sirven para manchar nuestra imagen internacional y nos alejan aún más de las soluciones a la pobreza. Una cosa es una protesta pacífica, pero otra muy diferente es este vandalismo. Botar una estatua o vandalizar nuestras calles no cambiará nuestra historia, pero sí destruye nuestro futuro. 

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