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Visualicemos el escenario de una escuela rural de Guatemala. Una escuela con muchas necesidades, sin servicio sanitario, sin piso, sin pupitres y sin pizarrón. Una escuela de difícil acceso que, por presiones del sindicato, durante varios días en el año cierra sus puertas. ¿Cómo es posible que esto siga siendo la realidad para tantas escuelas de nuestro país? Esto es prueba que somos un país con muchas dificultades en materia educativa, desde la falta de infraestructura adecuada, la falta de calidad educativa y la ausencia de meritocracia a nivel docente.

 

Este 2018 inició con la controversia de la firma de un pacto colectivo, tras fuertes presiones por parte del sindicato de maestros (STEG). La firma de dicho pacto preocupa mucho, ¿por qué? Porque no se enfoca en la mejora de la calidad educativa, no incluye incentivos alineados con mejoras del aprendizaje real de los niños ni incorpora la meritocracia. Por esa razón distintas entidades, como Empresarios por la Educación, Fundesa, entre otras, han propuesto un nuevo pacto educativo. Tal propuesta contempla elementos como: (i) la incorporación de la meritocracia en las políticas docentes, enmarcadas en una organización sistémica orientada a resultados, (ii) el fomento del diálogo público para analizar los elementos del pacto educativo que entrará en vigencia en 2019 y así evaluar su viabilidad y (iii) otorgar bonos salariales a aquellos maestros que cumplan ciertas condiciones.

Perpetuamos un sistema que atiende las necesidades del siglo pasado. Nuestros niños y jóvenes siguen sin adquirir las competencias mínimas para enfrentar el mundo. Esto tiene que cambiar. Sin embargo la manera “extorsiva” en que se negocian estos pactos colectivos y los “beneficios” que contemplan, nos roban las valiosas y contadas oportunidades que tenemos para hacerle a nuestro sistema las modificaciones que necesita tan urgentemente.

Cabe resaltar el evidente compromiso y voluntad por parte del Mineduc y otras autoridades para mejorar la situación de nuestro sistema educativo, con el impulso de ciertas iniciativas. Una de ellas es la aprobación del Acuerdo Gubernativo 247-2017 en noviembre del año pasado. Tal acuerdo le da sustento jurídico a la formación inicial docente a nivel superior, por lo que ahora es obligación que los aspirantes a docentes de primaria cursen una carrera a nivel universitario. Sin duda esto tendrá un impacto en la formación docente y, por consiguiente, en la calidad educativa. Otro esfuerzo impulsado el año pasado fue la aprobación de la Ley de Alimentación Escolar, la cual permitió el aumento de recursos a la refacción de las escuelas públicas, de Q1 a Q3. Justo esta semana el ministro de Finanzas, Julio Héctor Estrada, confirmó la transferencia de fondos para cumplir debidamente este compromiso y garantizar 180 días de refacción este año.

Por otro lado, a finales de febrero, fue presentado el Sistema Nacional de Formación Laboral (Sinafol), “una estructura de gestión y articulación de recursos públicos y privados que busca la vinculación de instituciones que permitan proporcionar a las personas la formación laboral idónea para su inserción en el mercado laboral”. Este es un esfuerzo de Mineduc, Mintrab y el Mineco (a través del Pronacom), cuyo objetivo es mejorar la calidad de la formación técnica laboral en el sistema educativo nacional y vincular la oferta de recurso humano con la demanda de trabajo por parte de las empresas.

Las anteriores iniciativas son muy bien intencionadas pero todas requieren recursos. En un año en el que no se aprobó un incremento de presupuesto, ¿cómo se pretenden implementar? ¿cómo se pretende que sean exitosas? En ese contexto surge esa concesión al magisterio, desmesurada, arbitraria y sin amarre alguno al desempeño. Una concesión que, a todas luces, succiona los inexistentes recursos. Por ello nos urge un nuevo pacto educativo, que respalde las iniciativas ya implementadas y que vele por un verdadero cambio de fondo. Estos esfuerzos son un paso hacia la dirección correcta, no los pongamos en riesgo. Recordemos que el mejoramiento de nuestro sistema educativo es un camino largo, pero si seguimos tropezando con la misma piedra, difícilmente llegaremos a la meta. Si ustedes están de acuerdo, los invito a sumarse al nuevo pacto y ser parte del cambio que nuestro país necesita. Ingresen  a http://chn.ge/2FiJ6Ju y firmen la petición. ¡Transformemos Guatemala!

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