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   Por más de 20 años Guatemala no ha logrado crecer de manera sostenible por encima del seis por ciento. El único año que logramos elevar el crecimiento económico por encima de dicha meta, plasmada en los Acuerdos de Paz, fue durante el último año del gobierno del presidente Berger, en el que el país llegó a crecer 6.3 por ciento.

Está claro que para lograr mayores niveles de bienestar y desarrollo sostenible, el país necesita plantearse metas más agresivas de crecimiento económico. Esto requiere indudablemente políticas públicas que prioricen los cuellos de botella en temas relacionados a la transparencia y procesos de servicio civil más eficientes, para reducir la corrupción; fortalecer el sistema de justicia, dotar a la población de mayor certeza jurídica; invertir más en procesos que mejoren la calidad y cobertura educativa; continuar el esfuerzo para ampliar y mejorar la red de servicios de salud y acelerar el fortalecimiento de las instituciones de seguridad.

El país claramente sufre de una gran centralización, en donde la mayor productividad está concentrada en municipios de los departamentos de Guatemala y Sacatepéquez. Es por ello que para generar mejor calidad de servicios a la creciente urbanización del país, la Agenda Urbana para Guatemala, ha identificado nueve polos de desarrollo por medio del sistema de enlaces funcionales de la red de Ciudades Intermedias.

Sabemos que el país va a tener una población cada vez más urbana, pasando de 53 por ciento que existe actualmente, según las últimas proyecciones, a 79 por ciento en el año 2032. Con este fenómeno, también van a cambiar los patrones de consumo de la población. La migración de lo rural a lo urbano, aunado con un aumento de la edad de la población de 20 a 28 años, conlleva retos importantes a nivel de los nueve territorios identificados, para buscar mecanismos legales que permitan que los alcaldes se vuelvan promotores de la atracción de inversión y que los impuestos que paguen las empresas con las operaciones que realizan en sus territorios, una parte se invierta en la localidad donde se producen.

Los incentivos hoy a la descentralización, no están generando la inversión financiera que las ciudades requieren para poderse desarrollar. Guatemala debe aumentar la carga fiscal con la que cuenta el país y buscar mecanismos más ágiles para que los impuestos se traduzcan en proyectos que permitan generar ciudades sostenibles, que tengan las características de ser: incluyentes, ordenadas, resilientes y competitivas. Es allí donde los alcaldes deben dejar de ser actores pasivos y convertirse en catalizadores de iniciativas legales que fomenten el desarrollo local.

@jczapata_s

 

La mañana del sábado, un grupo de contra-manifestantes antirracistas en Charlottesville fue embestido por un vehículo que se presume era manejado por un joven de 20 años procedente de Ohio, quien ahora está siendo juzgado por asesinato en segundo grado.  Hasta el momento tres personas han muerto y más de 35 están heridas.  Luego del lamentable incidente, algunos políticos como el Senador Ted Cruz han expresado su preocupación por este acto de terrorismo interno y el Fiscal General Jeff Sessions, ha comenzado una investigación federal.

Según la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas de E.U. ,Charlottesville, Virginia fue nombrada en 2014 como la ciudad más feliz de América.  Sin embargo, en los últimos años ha empezado a ser la meca de varios movimientos anti-semitas y del Ku Klux Klan, cuyos principios básicos son la homofobia, el racismo en general y la búsqueda de la supremacía de la etnia blanca.  Bajo la idea de defender los principios de la Europa Nazi y el fascismo de Hitler, personas como Richard Spencer, presidente del National Policy Institute, un think tank nacionalista blanco fundado en 2005, gritan “sangre y tierra” para elevar las ideas de Hitler y evocar la fuerza de los campesinos del área rural que según él “vivían de la tierra”.

La intolerancia a vivir con aquello que ha hecho de Estados Unidos un país diverso y que ha fortalecido su innovación y el emprendimiento, es lo que algunos culpan para seducir a masas que se sienten amenazadas por la globalización y que encuentran en esas teorías una salida, cayendo fácilmente en crímenes y actos de terror, como el que vimos el sábado pasado, mientras alaban a la Madre Tierra.

Como bien lo ha expresado el Gobernador de Virginia, Terry McAuliffe, los nazis y quienes pregonan la supremacía blanca, “no tienen cabida en Virginia y tampoco en Estados Unidos”.  Ciudades como Charlottesville, tienen la capacidad de utilizar su pasado para fortalecer su industria turística, pero necesitan comprender que la urbanización y la diversidad que conlleva, son una fortaleza para elevar el bienestar de todos.

Mi reflexión es que ninguna etnia puede estar por encima de otras, como tampoco ninguna puede dejar que las creencias de unos, limiten el progreso de todos.  Debemos ser capaces de encontrar acuerdos mínimos, para sobrepasar los cambios que conlleva la diversidad y generar mecanismos que fomenten la tolerancia hacia quienes piensan, actúan y viven de manera diferente, siempre bajo un principio: la ley es una y es para todos, nadie puede estar por encima de la ley, de lo contrario, fácil caemos en el racismo que promueven algunos grupos hoy en Charlottesville.

@jczapata_s

 

 

  Una de mis clases favoritas de la maestría fue “Dinámica de sistemas” (mejor conocida por su nombre en inglés, ‘System Dynamics’). Tuve la suerte de aprender sobre esta disciplina en la cuna que la vio nacer y, además, de que uno de sus precursores, John Sterman, fuera mi catedrático. Hoy no puedo dejar de ver todo lo que acontece en Guatemala, sin que pase a través del prisma que me brindó este curso.

 

La “Dinámica de sistemas” aplica muy bien a la situación de Guatemala, porque habla sobre el modelaje de la evolución del comportamiento de sistemas complejos, los cuales existen en muchos ámbitos. Por ejemplo, en la naturaleza se podría modelar el comportamiento del crecimiento de una colonia de hormigas hasta el proceso de descongelamiento del polo norte. Los sistemas complejos se caracterizan por tener múltiples variables que interactúan entre sí, en ocasiones en forma impredecible, o por lo menos impredecible para los seres humanos, con los errores y desviaciones cognitivas que nos atañen. Simplemente no somos buenos para predecir comportamientos no lineales, aquellos donde múltiples variables convergen o donde existen estas cadenas retroalimentadoras, tanto externas como internas. Sin embargo, la disciplina de la “Dinámica de sistemas” permite modelar con precisión los comportamientos que el mundo real exhibe.

Se preguntarán, “¿este qué locuras está hablando? ¿qué tiene que ver todo esto con lo que pasa en Guatemala?”. Tiene todo que ver, porque lo que vivimos en el 2015 se puede entender como un shock al sistema. Debido a ese shock, el “equilibrio” del Estado cleptocrático (que considerábamos “normal”) fue alborotado, produciendo una serie tanto de acciones, como de reacciones. Claramente vemos cómo ciertos actores quisieran aprovechar esa inercia para provocar un cambio mayor, mientras que otros quisieran regresar al “equilibrio” previo y se resisten a aceptar los cambios.

En ausencia de un proceso de “Administración de Cambio” que reconozca las complejidades de lidiar con un sistema inherentemente desordenado y con altos niveles de “ruido” en las cadenas de retroalimentación, pareciera que nos vamos resbalando hacia la ingobernabilidad. Administrar el cambio requiere visión, liderazgo y confianza. Requiere también de un conocimiento del comportamiento de sistemas complejos. Pasa por construir ciertos acuerdos que catalicen la cristalización de las moléculas desordenadas, generando así un orden dentro del caos.

En la práctica, ¿a qué me refiero con administrar el cambio? Principalmente, debemos entender que no podemos pasar de una “cleptocracia total” a un “control total” de la noche a la mañana. Claro que el resultado predecible de ver tanta corrupción, es exigir ciertos cambios, como una ley de contrataciones impenetrable. Pero el sistema es tan hermético y exigente que no existen las capacidades (aunque se asumiera la buena voluntad, lo que tampoco es uniformemente cierto) para cumplir con sus lineamientos. Se debe también a una falta de capacidades dentro de las instituciones públicas, cuyo desarrollo requiere liderazgo, compromiso y tiempo. No podemos crear leyes sin cambiar patrones culturales que actualmente exhibimos (por ejemplo, cuando decimos o pensamos “robó, pero hizo obra”). El actual nivel de controles, aunque loable en su aspiración, es una grada demasiado grande e inalcanzable. Por consiguiente, produce una serie de consecuencias “inesperadas” como inoperancia, frustración, baja ejecución del gasto, entre otras.

El liderazgo para administrar un proceso de cambio de esta naturaleza no podrá ser de una sola persona o sector. Nos toca a todos pedir que los líderes de nuestro sector, gremio, partido o afiliación tiendan puentes con miras a desarrollar un verdadero pacto político, para así definir el esquema de administración del cambio que queremos y que tanto necesitamos. Recordemos que requerimos de los acuerdos para generar un orden en este caos.

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@salva_paiz


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