Siendo el vigésimo sexto Presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt se constituye en 1901 como el presidente más joven en la historia de dicho país, ostentando dicha posición con tan sólo 42 años de edad. Caracterizado por ser un hombre de fortísima personalidad y extraordinariamente activo, se diferenció de la mayoría de sus antecesores al contar con una visión ambiciosa sobre el futuro de los norteamericanos. Por ello, se suele considerar que su presidencia marca el paso de los Estados Unidos al estatus de gran potencia.
Sin embargo, más que aplaudir su carácter intervencionista y hegemonía militar, esta breve introducción quiere resaltar uno de los acontecimientos más significativos de la vida de este personaje. Mientras se preparaba para dar un discurso en Milwaukee, fue víctima de un atentado en el cual recibió un disparo en el pecho. Aún con la bala dentro de su cuerpo, habiéndole roto una costilla, Roosevelt insistió en dar su discurso antes de permitir que lo trasladaran al hospital. Y es durante este discurso que menciona una de las frases por las que será recordado:
“Una gran democracia debe progresar, o pronto dejará de ser o grande o democracia.”
Con fecha 31 de mayo de 1985, se promulga la Constitución Política de la República de Guatemala, decretando que de ahí en adelante los guatemaltecos damos la bienvenida a un sistema democrático que trae consigo variadas ventajas, las cuales, en todo caso, superan las desventajas.
Es así como nacemos ante una incertidumbre, sin conocer lo que le depara al país, confiando únicamente en que es la mejor forma de delegar en los gobernantes nuestro futuro porque es la práctica más común que se ha desarrollado en el globo. No nos brindaba ninguna certeza el convertirnos en una democracia, tan sólo nos devolvía la esperanza de un futuro más prometedor.
Todo esto se plasma en los dos primeros artículos de la Constitución, resaltando la protección de la persona, garantizándoles la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo. No obstante, es acá donde surge el punto de inflexión que vale la pena analizar:
Veinticuatro años después, ¿hemos avanzado en la dirección correcta?
Siendo estrictamente objetivos y atendiendo a las publicaciones más recientes de la CEPAL, la evolución que ha tenido el país en estas más de dos décadas ha sido el siguiente:
• La tasa de analfabetismo ha pasado del 47% al 25.2%
• La esperanza de vida al nacer ha aumentado de 58.3 años a 70.2 años
• La mortalidad infantil disminuyó de 97 a 29 casos por cada 1,000 nacimientos
• La tasa de desempleo mermó de un 12.1% a un 3.1%
• El nivel de pobreza pasó de un 69.4% de la población a un 54.8%
• El porcentaje de hogares con acceso a agua aumentó de 59% a 76.3%
• El porcentaje de hogares con acceso a electricidad pasó de 49.9% a 81.8%
• El porcentaje de hogares con acceso a saneamiento pasó de 29.3% a 40.3%
• Y El PIB per cápita pasó de US$ 1,289.6 a US$ 1,690.4 (dólares del año 2000)
Evidentemente, esta situación es prometedora y congraciante, sobre todo para aquellos que vislumbramos el desarrollo como un proceso que lleva tiempo y que necesita del esfuerzo constante de todos los participantes. Sin embargo, no debemos descansar en nuestros logros, sino más bien, es prudente reflexionar sobre lo retos que nos quedan pendientes por abordar.
Guatemala podría decirse que es una Democracia en Formación, similar al adolescente que abandona la pubertad, y que, a pesar de haberse desarrollado plenamente, empieza a enfrentar los cambios internos que determinarán la forma cómo enfrentará la madurez.
Mal que bien, en estos 24 años hemos logrado avances en el ámbito social y económico, quedándonos pendiente la construcción del bagaje institucional que sustentará el desarrollo en el largo plazo; en pocas palabras, nos hace falta diseñar la plataforma sobre la cual empezará a crecer nuestra democracia, antes de que deje de crecer o deje de ser democracia.
Estos puntos pendientes tienen mucha relación con dos de los estandartes que identificaron nuestro nacer a la vida democrática: la seguridad y la justicia.
De cierta forma, los Acuerdos de Paz fueron el primer paso en esta dirección, pero a partir de ahí, nuestra democracia descubrió los vicios que han retardado su crecimiento. Nos hemos hecho víctimas de la corrupción, el nepotismo, la impunidad, la violencia, la inseguridad y la captura del Estado. Hemos perdido el uso de nuestras facultades políticas, sacrificando nuestros dones económicos para mantener estos vicios que nos han reducido a algo semejante a un Estado Fallido.
Hoy en día contamos con las peores evaluaciones en cuanto a respecto a los derechos humanos y número de homicidios y hechos violentos en relación al tamaño de nuestra población. Hemos crecido en desconfianza respecto a las instituciones a cargo de la seguridad y la justicia, incrementándose la sensación de que día a día podemos ser víctimas de un hecho criminal.
Nuevamente, tal y como lo mencionó Theodore Roosevelt, si no nos preocupamos por desarrollar nuestra democracia, terminaremos por perderla, situación que empieza a notarse en un clima donde las relaciones comunicantes entre instituciones y ciudadanos avanzan en un camino divergente, alejándonos de un plan común de nación.
Somos una democracia relativamente joven, pero de las decisiones que tomemos hoy dependerá nuestro crecimiento, teniendo como única alternativa el empezar a cuestionarnos cuál es el destino que deseamos elegir.
Cuando Alicia se encuentra al gato de Cheshire, mantiene una conversación un tanto curiosa: “¿Me podrías indicar hacia dónde tengo que ir desde aquí?” pregunta Alicia. ”Eso depende de a dónde quieras llegar” responde el gato. “A mí no me importa demasiado a donde” continúa Alicia, “en ese caso, da igual hacia donde vayas”. El ingenio que hay detrás de este diálogo es notable, cerrándose el mismo de forma magistral: “Siempre que llegue a alguna parte”, finaliza Alicia, “¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte, si caminas lo bastante”, finaliza el gato.
Este espacio busca ser un punto de referencia al momento de generar una opinión de peso sobre los temas directamente relacionados con el desarrollo de Guatemala. FUNDESA desea ser un interlocutor con todas aquellas personas que creen que el desarrollo de los guatemaltecos es posible, reconociendo que aún queda mucho por hacer.